Testamento de mi querido perrito Holby

🐾 Testamento de mi querido perrito Holby

Amado humano,

Si estás leyendo esto… es porque, lamentablemente, ya no estoy para mirarte a los ojos con amor ni mover mi colita de alegría cada vez que te veía. Créeme, también para mí es doloroso.

Sé que mis cosas materiales son pocas y quizás no tengan un valor económico importante, más aún en una sociedad materialista y egoísta que suele valorar más el dinero que los sentimientos. Pero para mí, fueron tesoros valiosísimos que me hicieron feliz junto a tu compañía.

Te dejo mi collar con cascabel, ese que me ponías cuando era pequeñín. Sé que recordarás el sonido tan especial, acompañado del ruido de mis patitas en el suelo cada vez que te buscaba en tu habitación, sacándote una sonrisa.

Te dejo mi camita suave y mullidita, aunque la verdad la usaba poco, porque prefería dormir calentito junto a ti. ¡Qué gusto sentía al abrazarme a tu cuerpo, percibir tu olor y escuchar las pulsaciones de tu corazón!

También te dejo mis abriguitos de invierno, que aún guardan mi olor y algún pelito enredado. Me protegían del frío y me hacían sentir cuidado como un hijo.

Te dejo mi bebedero, donde me ponías agua fresca después de nuestros largos paseos, y mi comedero, donde me servías mis croquetas favoritas. Nunca olvidaré esos días en que me diste rico pollito o esas golosinas tan sabrosas. Me cuidaste y me atendiste como el “Rey de la casa”. Fui un ser afortunado en este mundo que acabo de dejar, porque ya crucé el arcoíris.

Te pido un favor, que sé que cumplirás: regala a mis amiguitos de cuatro patas los sacos de pienso y las golosinas que quedaron. Que las disfruten en mi memoria. También dejo mis muñecos y juguetes, que tanto me gustaban y con los que jugamos juntos. Si quieres, regala alguno para hacer feliz a otros perritos.

Recuerdo especialmente mi muñeco preferido: un perrito salchicha tan bonito, al que mordí y rompí muchas veces por mi impulsividad. Tú, con paciencia, lo cosías como el mejor cirujano. Después vinieron otros: el patito, el Mickey, el huesito, la pelotita amarilla… ¡Cuántos juguetes! Me tenías muy mimado, y siendo sinceros, me hacías querer por mi simpatía, cariño y bondad.

Recuerdo los últimos muñecos que me acompañaron en el hospital cuando estaba enfermito: un monito y una ardillita. Me hicieron mucha compañía, junto al amor de las enfermeras.

Nunca, nunca olvidaré todo lo que hiciste por mí: los intentos por salvarme, el cirujano que me operó, las medicinas, las noches sin dormir, las oraciones al cielo, los gritos pidiendo explicaciones a Dios… Sé que teníais planes para compartir una vejez larga y feliz conmigo. Pero estad tranquilos: mi misión ya se había cumplido en la Tierra.

Conmigo conocisteis la pureza del amor, la nobleza, la fidelidad y el amor incondicional. Mientras viví, os di felicidad y os ayudé a ser mejores personas. Me voy triste por dejaros, pero satisfecho por el legado imborrable que dejo: amistad sincera, cariño profundo, recuerdos y vivencias que jamás se olvidarán.

Dejo mi mirada dulce, mi nariz fría empujando tu mano cálida, mi alegría explosiva al recibirte cuando abrías la puerta. Dejo el sonido de mis patitas en el suelo, el de mi lengüita bebiendo agua fresquita, el de mi boquita comiendo croquetas o pollito.

Me ponía en alerta con cualquier ruidito de las llaves, porque lo asociaba con salir de paseo. Dejo también mis apodos cariñosos: “cosita”, “sinvergüencita”, “malito”… y esas canciones inventadas donde yo era el protagonista.

Lo que más me gustaba oír de vosotros era: “¡Vamos a la calle!”, “¡Una golosinita!”, “¡Pollito!”, “¡Vamos al coche y al tren!”. ¡Qué ilusión me hacía! Sabía que significaba aventura, explorar nuevos sitios, parques increíbles, montañas, ríos y playas.

Recuerdo con felicidad y asombro el primer día que conocí el mar. Me pareció inmenso, y esa playa de arena infinita donde corría como loco… ¡Dios, cuánto disfruté! Pero lo más importante era estar junto a vosotros, porque erais mi manada, mi familia, mi mundo, mi vida.

Perdonadme si alguna vez hice pis donde no debía, si rompí o arañé algo de valor, si os desperté de madrugada porque algún extraño pasaba cerca de la ventana, o si ladré a algún perro que no me caía bien. Solo quería protegeros.

Lo material se puede guardar en una caja o donar. Pero lo que no se puede guardar es mi lealtad sin condiciones, mi entrega de amor, mis ladridos felices (y alguno de enojo cuando tardábamos en salir de algún sitio), mis muestras de perdón y paciencia sin pronunciar palabra.

Guardadme en vuestros corazones. Estoy en paz. Sé que vuestra vida fue más completa y alegre porque estuve con vosotros. Aunque hoy lloréis mi ausencia y vuestro corazón esté roto, sabed que un día nos volveremos a encontrar. Y cuando ese día llegue, me veréis correr como loco de alegría hacia vosotros, como la primera vez, y nos fundiremos en un abrazo eterno.

Con amor puro y eterno,
Tu amado perrito Holby 🐾
Que Dios te bendiga.

Bajo el arcoíris, mi voz callada

Ya no oirás mis patitas
corriendo hacia tu risa,
ni el cascabel que anunciaba
mi alegría al encontrarte.

Mi camita, mis juguetes,
mis pequeños tesoros,
quedarán como silenciosos testigos
del amor que compartimos.

Tu corazón fue mi casa,
tu calor, mi refugio,
tu mirada, el horizonte
de cada una de mis aventuras.

Perdona mis travesuras,
mis ladridos impacientes,
eran solo mi forma de decir
que mi mundo eras tú.

Hoy cruzo el arcoíris,
sin dolor, sin miedo,
llevando en mi alma
la huella de tu ternura.

Un día, cuando el tiempo lo permita,
volverás a verme correr hacia ti;
entonces tu abrazo y el mío
serán eternidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Scroll al inicio